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miércoles, 1 de septiembre de 2021

La historia del pueblo costeño que se quiere independizar





“Bolívar no le hace nada al pueblo, estamos abandonados y no de ahora, sino de hace rato”, dice el jornalero Jesús Jaraba. Es uno de los habitantes del corregimiento de Galerazamba, en el municipio de Santa Catalina (Bolívar), que desea pasar a jurisdicción del Atlántico.


Su entrada principal está ubicada a unos 68 kilómetros de Cartagena y a unos 4,5 kilómetros de los límites fronterizos con el municipio atlanticense de Piojó. Tiene unos 2.000 habitantes, aproximadamente.
Además del mar, sus salinas se han convertido en un atractivo turístico, especialmente por la temporada en la que se refleja un tono enrojecido en sus aguas.


Para llegar, desde Barranquilla, la ruta recomendada es la vía al mar, pasando por el monumento al sombrero vueltiao, en Juan de Acosta, y Loma Arena, ya en Bolívar.


Sin embargo, hay cierto resentimiento para con las autoridades de este departamento, que se refleja en versiones de la mayoría de los pobladores, e incluso en las paredes de algunas instituciones.


Una de ellas es la edificación de la iglesia del pueblo, cuya fachada fue pintada recientemente con el color rojo y blanco de la bandera del Atlántico, mientras que en otra pared al aire libre se lee la frase “¡No más cien años de soledad!”.


“Hablemos claro: salen las ayudas para Galerazamba y aquí no llegan. La agricultura aquí no coge ayuda de Bolívar, una semilla más y no la regalan. Las salinas en estos días deben tener movimiento, pero no lo hay, hay es tristeza”, sostiene el campesino Jaraba.


Origen del diferendo limítrofe
El hombre tiene 70 años, edad que lo hace contemporáneo con el origen al primer deslinde departamental que realizó el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac) y que posteriormente pasó al Senado, aunque sin éxito, según consigna la institución.


“En el Atlántico hay vida al ciento por ciento, porque eso lo vi cuando esto era del Atlántico, yo tenía 9 años y Bolívar lo peleó. Después se lo dejaron a Bolívar, ¿para qué? Para que todo se perdiera y quedamos en la miseria”, recuerda el jornalero desde la parcela de sus hijos, donde reside y trabaja, y de donde sale solo en las noches a comprar comida, según cuenta.


Lo cierto es que esta disputa revivió hace cuatro años con el inicio del proceso de deslinde entre estos departamentos. De esa vez se levantó un informe en el que el Igac recordó los orígenes de este conflicto.


“El 17 de marzo de 1954 en el marco de la Ley 62 de 1939- antigua ley del deslinde- se firmó en la ciudad de Barranquilla un acta de deslinde en desacuerdo entre los departamentos del Atlántico y Bolívar, especialmente en el sector de San Pedrito, correspondiente a los municipios de Suan y Campo de La Cruz (Atlántico) con el municipio de Calamar (Bolívar)”, anotó el Igac.


El Instituto agrega en ese informe que el 24 de junio del mismo año se firmó en la ciudad de Cartagena un acta de deslinde en desacuerdo entre los mismos departamentos, especialmente en el sector de Galerazamba, correspondiente a los municipios de Soplaviento, San Estanislao, Villanueva y Santa Catalina (Bolívar) con los de Manatí, Repelón, Urdaneta Arbeláez (hoy Luruaco), Piojó y Juan de Acosta (Atlántico).


Según explica el Igac, la disputa se generó por la rectificación del canal del Dique, al sur de esos territorios departamentales y alrededor de la minas de sal de Galerazamba, sobre el mar Caribe.


“En el año de 1961 una Comisión Delimitadora nombrada por el Senado de la República estudia el diferendo y rinde su informe con una propuesta en acuerdo, pero el informe no fue ratificado por dicho órgano competente, a decir por la publicación de los Anales del Congreso del 3 de abril de 1962”, añadió la entidad.


En ese sentido, los pobladores involucrados en los límites donde existe el diferendo se han visto afectados por dobles inscripciones catastrales entre municipios, la verdadera pertenencia de caseríos y, hasta hace un tiempo, la del Volcán del Totumo, balneario de esta región.


Desde aquel 2016 cuando revivió el proceso hasta ahora, se han desarrollado seis sesiones referentes al deslinde departamental, que incluye inspección de terrenos y citación “obligatoria” de representantes legales de las entidades territoriales involucradas en dicho proceso.

La séptima sesión fue citada para el próximo 14 de septiembre, según conoció EL TIEMPO, cuando revisen el caso de Galerazamba, donde hay otras dificultades más allá de cuestiones catastrales y pertenencias.

“Galerazamba no tiene nada, aspiramos a tener y no tenemos, porque no hay cómo. Prometen, pero no cumplen. Con Atlántico mejoraríamos ciento por ciento con ayudas de aves, de agricultura y más trabajo”, señala Jaraba.

En un sondeo organizado en Facebook por líderes de la comunidad y dirigido a nativos y residentes registrados en una página informativa de esta red social, el 97 por ciento de participantes votó estar de acuerdo en que Galerazamba sea anexada al Atlántico. El 2,2 por ciento no está de acuerdo.

Sin embargo, en su mayoría participaron jóvenes y adultos con acceso a los teléfonos celulares. Ante este hecho, los adultos mayores cuestionaron que no se les haya tenido en cuenta y quieren plasmar su opinión, según explica Guillermo Meléndez, uno de los líderes.

“Vamos a organizar un proceso de firmas con un formato para reforzar el tema y mostrar la voluntad de Galerazamba”, explica el habitante de este corregimiento.

Meléndez agrega que esta población siempre se ha visto relacionada con el departamento más cercano, principalmente con sus ancestros hombres, quienes iban a pedir la mano de las mujeres del municipio de Candelaria, en su gran mayoría.

“Desde ese punto de vista, la sangre llama. Además, en el Atlántico hay muchas oportunidades de estudio, de trabajo, para los jóvenes que emigran a Barranquilla en busca de espacios de participación”, destaca.

Adicionalmente, él cuenta que se presentó un hecho sobre la inversión de recursos que “rebozó la copa” en la población, que los impulsó en ese deseo por pasar a ser jurisdicción de este ente territorial.

“Hubo una inversión de casi 5.000 millones de pesos para el acueducto y el acueducto no ha funcionado. Estamos críticos con el agua, afortunadamente está lloviendo, pero eso es un gran problema. La comunidad eleva su voz y vamos a manifestarnos”, concluye Meléndez.


Es así como este deseo persiste en la mayoría de la comunidad, aunque depende del proceso técnico que sigue el Igac.


EL TIEMPO intentó contactar a las gobernaciones de Atlántico y Bolívar para conocer sus posiciones al respecto, pero no recibió respuesta.


Deivis López Ortega
Corresponsal de EL TIEMPO Barranquilla
En Twitter: @DeJhoLopez
Escríbeme a deilop@eltiempo.com

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